Durante muchos años, cuando hablábamos de cosmética antiedad, parecía que el objetivo era uno solo: borrar los signos del paso del tiempo.
Eliminar una arruga. Tensar. Corregir una mancha. Intentar que una piel de 50 pareciera una piel de 30.
Como farmacéutica cosmetóloga y después de tantos años trabajando con pieles reales, mi visión es muy diferente.
Yo no quiero que una mujer de 50, 60 o 70 años tenga la piel de una mujer de 30. Quiero que tenga la mejor piel posible a sus 50, 60 o 70 años.
Y esta diferencia, aunque parezca pequeña, cambia completamente nuestra manera de entender el rejuvenecimiento.
Hoy hablamos cada vez más de longevidad de la piel o skin longevity: no luchar contra nuestra edad, sino conseguir que la piel conserve durante más tiempo su capacidad de protegerse, repararse y mantenerse equilibrada, luminosa y saludable.
Y esto encaja completamente con la filosofía que llevo años desarrollando con el Método Gems.
¿Qué significa realmente longevidad de la piel?
Nuestra piel está viva y cambia constantemente.
Se renueva, se defiende de las agresiones externas, mantiene una barrera frente al exterior y responde a factores como la radiación solar, la contaminación, el estrés, el sueño, la alimentación y, por supuesto, los cambios hormonales.
Con el paso de los años algunos de estos mecanismos pierden eficacia.
Disminuye la renovación celular, cambia la producción de colágeno y elastina, la piel puede perder hidratación y capacidad de recuperación y aparecen arrugas, flacidez, manchas o falta de luminosidad.
Pero existe otro aspecto que considero fundamental: no todas las pieles envejecen igual ni al mismo ritmo.
Por eso nunca he creído demasiado en las rutinas universales.
Tu edad no determina por sí sola qué necesita tu piel
Esta es una de las bases del Método Gems.
Dos mujeres de 55 años pueden necesitar tratamientos completamente diferentes.
Una puede presentar manchas y una piel resistente. Otra, sequedad y sensibilidad. Otra puede tener una piel aparentemente grasa, pero con una barrera cutánea alterada. Y otra puede tener como principal preocupación la pérdida de firmeza.
Por eso, antes de decidir qué activos utilizar, para mí hay una palabra fundamental:
diagnóstico.
No deberíamos empezar preguntándonos:
¿Qué crema antiaging necesito a los 50?
La pregunta debería ser:
¿Qué necesita mi piel hoy?
Ahí empieza realmente una cosmética personalizada.
Los grandes aceleradores del envejecimiento cutáneo
El envejecimiento cronológico existe y forma parte de la vida. Pero sobre él actúan muchos factores que pueden acelerar la aparición de signos visibles.
Uno de los más importantes es la radiación solar. Por eso considero la fotoprotección diaria uno de los pilares más importantes de cualquier estrategia de longevidad cutánea.
También debemos hablar del estrés oxidativo. Nuestra piel está expuesta continuamente a factores que favorecen la formación de especies reactivas capaces de alterar estructuras celulares.
Otro proceso interesante es la glicación, mediante el cual determinados azúcares pueden reaccionar con proteínas del organismo. Con el tiempo puede afectar a proteínas estructurales como el colágeno y contribuir a que los tejidos pierdan parte de su flexibilidad.
Y cada vez prestamos más atención a la inflamación crónica de bajo grado, un fenómeno complejo relacionado con el envejecimiento y que también se estudia en la piel.
Pero hay algo que muchas veces olvidamos.
La barrera cutánea también es rejuvenecimiento
Podemos utilizar el activo más sofisticado del mercado, pero si tenemos una piel irritada, deshidratada y con su función barrera comprometida, quizá deberíamos preguntarnos si estamos siguiendo el camino correcto.
A veces queremos hacer demasiado.
Ácidos todos los días. Retinoides. Exfoliaciones. Vitamina C. Despigmentantes. Nuevos productos constantemente porque los hemos visto en redes sociales.
Y la piel acaba diciendo: basta.
Más cosmética no significa necesariamente mejores resultados.
Una piel equilibrada necesita conservar correctamente su función barrera. Por eso en el Método Gems no busco acumular activos, sino seleccionarlos y utilizarlos en el momento adecuado.
Péptidos: mucho más que una tendencia
Los péptidos están adquiriendo un protagonismo enorme en la cosmética actual, aunque para mí no son ninguna novedad.
Son pequeñas cadenas de aminoácidos y, dependiendo de su naturaleza, pueden utilizarse en formulaciones cosméticas con diferentes objetivos.
Me interesan especialmente dentro de una estrategia de longevidad porque representan muy bien la evolución de la cosmética moderna: no buscamos solamente maquillar visualmente el envejecimiento, sino trabajar sobre diferentes mecanismos relacionados con la apariencia y funcionalidad de la piel.
Pero también aquí debemos evitar dejarnos llevar por una palabra de moda.
No basta con que un cosmético diga “contiene péptidos”.
Importan el tipo de péptido, la formulación completa, su estabilidad, su concentración adecuada y, sobre todo, si ese producto tiene sentido para esa piel.
Como formuladora, esta parte me parece esencial.
El Método Gems: rejuvenecimiento visible, no transformación artificial
Cuando desarrollé el Método Gems, mi objetivo nunca fue perseguir una belleza imposible.
Quería conseguir algo mucho más interesante:
transformar la calidad de la piel respetando quién eres.
Para mí, una estrategia de rejuvenecimiento debe trabajar diferentes pilares: una limpieza adecuada que respete la piel, una renovación controlada cuando está indicada, activos específicos según el diagnóstico, hidratación y reparación de la barrera cutánea, protección solar diaria y una rutina que pueda modificarse según evoluciona la piel.
Porque nuestra piel no necesita lo mismo durante todo el año.
Ni tampoco necesita lo mismo a los 45 que a los 55.
Por eso hablamos de Método y no simplemente de productos.
El cosmético es una herramienta. El método es saber qué utilizar, cuándo utilizarlo, cómo combinarlo y cuándo cambiarlo.
¿Y dónde queda la arruga?
La arruga no desaparece de nuestra conversación.
Claro que podemos trabajar las arrugas, la firmeza, las manchas o la luminosidad. Y queremos resultados visibles.
Yo misma llevo toda mi vida profesional dedicada al rejuvenecimiento.
Pero existe una diferencia entre querer mejorar nuestra piel y vivir luchando contra nuestra edad.
Una arruga no significa que nuestra piel esté mal.
Cumplir años tampoco.
Podemos querer una piel más firme, uniforme y luminosa sin intentar convertirnos en otra persona.
Esta es precisamente una de las ideas que más quiero defender en esta nueva etapa de la cosmética.
A los 50 no quiero mi piel de los 30
Quiero decirlo así de claro.
A los 50, 60 o 70 años no quiero recuperar exactamente la piel que tenía a los 30.
Quiero una piel fantástica para mi edad.
Quiero verla luminosa.
Quiero verla cuidada.
Quiero que tenga una buena textura.
Quiero prevenir aquello que podamos prevenir y mejorar aquello que podamos mejorar.
Pero quiero seguir reconociéndome en el espejo.
Para mí, eso es belleza auténtica y sin filtros.
Y también es Beauty Life.
Del antiaging a la longevidad: un cambio de mentalidad
Creo que estamos entrando en una etapa muy bonita de la cosmética.
Durante décadas nos han vendido la idea de luchar contra el tiempo.
Quizá ha llegado el momento de cambiar la pregunta.
En lugar de:
¿Cómo puedo parecer más joven?
Preguntarnos:
¿Cómo puedo conseguir que mi piel envejezca de la mejor manera posible?
Ahí entran la ciencia, la cosmética bien formulada, la prevención, la fotoprotección, nuestros hábitos y, especialmente, el conocimiento de nuestra propia piel.
Porque para mí la longevidad cutánea no consiste en borrar nuestra historia.
Consiste en cuidar la piel que nos va a acompañar durante toda nuestra vida.
Y esa es, precisamente, la filosofía del Método Gems: rejuvenecimiento visible, personalizado y consciente para conseguir la mejor versión de tu piel en cada etapa de tu vida.
Con cariño,
Gemma Prudencio
Farmacéutica, CEO de Gems Beauty Lab y Titular de Farmacia Galvany, BCN
